Quiero imaginarme un mundo sin ti
¿Cómo se puede llegar a amar tanto que renunciar a ciertas actitudes, a ciertos comportamientos, incluso a ciertos suelos, sea lo natural, incluso un paso más? Es como si desprenderse del bagaje a cuestas fuera una especie de evolución.
No quiero agobiarme en mis propios cuestionamientos sin llegar a alguna teoría (de esas que solo enchuecan más nuestro sentido de la realidad) para justificar mi actuar, un actuar que quizás nunca espere aceptar tan sencillamente en mi. Por eso mismo tras darme un auto placer imbuyéndome en la lectura que hace un análisis al voyeurismo que va más allá de las relaciones edípicas, eléctricas, y la por siempre mentada rivalidad paterna-materna-contestataria, a fin de consolar el herido ego tras la derrota de los ideales y sobre todo de las ilusiones, es que me encuentro nuevamente frente al espejo.
Caigo poco a poco en la cuenta de que es la fisura en mi más honda creencia lo que me hace reflexionar nuevamente, puesto que ya le he llorado lo debido. Y si bien, no escatimo en lágrimas, tampoco me gusta hacer mares de pequeños arroyuelos. Así pues, hace unos pocos días me encontré de frente e insospechadamente (como suelen llegar esos detalles nimios que terminan por cambiar las vidas) con los grados de alcohol suficientes en su sangre como para trastornar y traicionar sus neuronas, convirtiéndole en otro ser humano mas. Y es así, escribiéndolo que me convenzo, y venzo, a mis tontas fantasías postadolescentes que, es justo eso y no más. Va siendo hora de que me dé cuenta que no hay más donde no ha habido menos. Un ser humano cualquiera, ya sin las investiduras que le hacían infalible, indestructible, invulnerable. Sin ser ese que, sin duda no existe, es capaz de amarme sin fallas, con magia y eternamente.
Es difícil ver morir cosas que efectivamente creía inmortales. Pero tengo ante mí la posibilidad de continuar y elegir que es lo que deseo hacer. Ahora entiendo que la habilidad de confiar y de amar va más de la mano con la fortaleza de la decisión misma que con la poética sinrazón, la buscada -por muchos frustrados- locura, pasión, desenfreno o como se le quiera llamar, y que en cada nueva persona que conocen cimentan la fantasía que de infantes les metieron en la cabeza, ven príncipes azules que se despintan con el primer lavado, y ven seres inmortales capaces de fallecer ante la sola mención de “amor”.
Es preciso, ante tales planteamientos, el cuestionarse un poco para no caer en la vulgaridad ¿esta decisión, tiene que ver con el razonamiento o con las sensaciones? ¿No sería un poco como pensar en tener un orgasmo, más que en simplemente sentirlo? ¿Es acaso valido el pensarse enamorado y decirlo al mundo, para creérselo, o es que efectivamente uno solo lo dice cuando lo siente y el resto puede notarlo?
Llegado el momento de decidir continuar con una persona, ¿Qué vale más? ¿Es de verdad posible no sentir celos ni inseguridad? Hasta hace poco en verdad lo creía. Es más, lo sentía. Ahora pasados unos días estoy convencida que es una decisión. Decidir en confiar. ¿La confianza entonces: se gana, se consigue, se otorga o se decide?
Veo en algunas relaciones que con solo hablar con otra persona se traiciona la confianza, el no decir con quien se platica o hasta que se desayuno. Sin embargo, para mí la confianza es en efecto el poder hablar de cualquier cosa que pase por mi mente. Eso para algunos es una tontería, pero ¿Por qué no decirle a esa persona con la que estoy que conocí a otro hombre que también me gusta, y que me provoca alegría, acaso no ha decidido el también creerme? Si le digo que es solo eso ¿por qué tendría que sentirse inseguro si es a él a quien amo? ¿y bien, porque entonces yo tendría que sentirme mal si él me lo dice también? ¿no bien dije que le creo, que decidí que es digno de que lo que salga de sus labios sea mi entera verdad? No entiendo cómo pueden existir parejas que no confíen en su otra mitad. No sé que hacen juntos.
Que quede muy claro que lo mío nunca ha sido ni será cosa de cursilerías ni de ese amor formal de sociedad, porque esto puede muy bien aplicarse a cualquier tipo de relación: filial, incestuosa, infidelidades, amistosas, formales, como se quieran catalogar. Entonces, ¿qué es lo que nos hace conservar la lealtad con quien nos encontramos? ¿Por qué van muchos por la vida pidiendo libertad, si se supone que si están con alguien es porque así lo han elegido? ¿Acaso realmente para amar se tienen que ser solo dos? Si tan natural es la homo, bi, heterosexualidad, ¿no tendría que ser igualmente natural el amar a una, dos, o tres personas? Claro que cuando nos enamoramos queremos pasar el día entero con esa persona, no nos gusta compartirla, pero eso me parece que va más con el capricho, el enajenamiento. ¿No estamos siendo muy egoístas al querer esa persona, -que se supone nos parece maravillosa- solo para nosotros, en vez de compartírsela al mundo? ¿o qué tan dispuestos estamos a renunciar a lo que en mismo grado nosotros pedimos que la pareja renuncie: amigos, mujeres, hombres, salidas, diversión?
Que interesante reflexión me encuentro en un buen amigo “Siempre entrego mi confianza, pero no siempre es tomada en cuenta. Así me doy cuenta lo que puedo confiar en alguien”, es algo que no había considerado.
Es momento de pensar en que la confianza es algo que decidimos dar. Nuestro buen o mal juicio es uno de los factores determinantes para tomar tal decisión. No continuemos con el “me has traicionado”. Más bien, aceptemos que todo mundo tiene limitaciones y tentaciones. Esta en nosotros la capacidad de hablarlo y aclararlo, no vayamos por el mundo con la maleta pesada y arrastrándola. Viajemos ligeros, con la capacidad de la volatilidad que da el saber que en cualquier momento todo se lo lleva la chingada. Disfrutemos lo que decidimos dar y lo que otros han decidido brindarnos, entendiendo que nuestro “todo” no es igual que el “todo” de alguien más. Confiemos un poco más, arriesguemos un poco más.
Amemos un poco más.
HECHIZERA