Pasajera Lluvia

24 Octubre 2009 | Uncategorized

 

Hoy me escribo a mi misma, esa que se perdió entre tantas telarañas, esa que me duele tanto ahorita, que con tantas lagrimas se despide. A esa que nadie quiere, que está cansada de pelear contra el mundo, contra sus superiores, contra las vertientes, contra su familia, contra esta que ahora escribe importándole todo menos el significado.

 

Estoy cansada de la vida, estoy peleada con las formalidades. Volví a salir a caminar mientras llovía en la ciudad y en mi alma. Dios, deseo tanto que estas lágrimas me purifiquen, las tenía tan atrasadas, tan acumuladas.

 

Duele tanto ser una minoría. Soy la hija que nadie desea tener, con todos los defectos que puedan detestar. Soy la mujer en la que jamás deseo mi madre que me convirtiera. Soy la hermana egoísta y orgullosa. Soy esa persona en la que mi padre se refleja y por eso le molesta tanto verme.

 

Soy la peor.

 

Tengo todos los defectos posibles: médico, izquierdista, liberal, melómana, megalómana, mitómana, artística, sensible e insensible. Represento a la minoría en todas mis facetas. Mi padre siempre dudo de mi capacidad para ser médico, y ahora que lo soy, no lo termina de creer, pero por el contrario que se piense, no le causa ningún orgullo: ¿nadie le comunico previamente en lo que me convertiría? Un saco de egolatría. Claro. Esta mal, nadie lo niega. Pero a mí en lo personal me fascina lo que soy.

 

Quisiera envolverme en mi propio manto indestructible. Nuevamente. Estar protegida de todos los que me atacan. Felicidades, hoy me quebraron.  Solo espero que tantas lágrimas sirvan para fertilizar mis letras, aunque sean despreciadas por ustedes.

 

Maldito el año que corre. Es el peor de toda mi vida. Y vaya que puedo compararlo con todos los diciembres previos al que se viene.  Para mí, el mes más negro es el que en 30 días iniciara. Malditos diciembres. Cuando me preguntan “¿Por qué me das en la madre?“,  me gustaría responderles: porque tú me has partido la mía a lo largo de todos mis años cumplidos. ¿Que no sé perdonar? Bueno, está quedando claro que no. Que triste mi situación.

 

Pero, por favor ¿qué alguien me diga cuál es el punto de criticar todo lo malo que soy? ¡Carajo! Al menos acepto la mierda de persona que soy y no voy por la vida clamando a Dios lo buena persona que quisiera ser. O sea, me voy al infierno. Ya hace mucho tiempo que lo acepte. Solo intento pasármela bien mientras duren mis latidos, tratar de llevármela tranquila, sin complicaciones. Hacer lo que me gusta, y no aceptar lo que no me gusta. O, ¿a quién le gusta (sin tener seguro el cielo) poner la mejilla dos, tres, cuatro veces?

 

Y claro, me faltaba mencionar el defecto que aumenta todos los previos y que sin duda es el que más aborrecen en este sacrosanto recinto familiar: nadie me calla la boca, soy contestataria a morir. Me es imposible no externar mi opinión. Lo que pienso, así en calidad de bulto. Tengo bien claro que eso en ocasiones se le llama sinceridad, falta de tacto o pendejez. Pero ser indiferente a todo me parece peor aun. Normalmente lo que digo va bien analizado. Normalmente. En otras ocasiones me dan ganas de callarme en cuanto me sale la primer palabra. Y al decir que me es imposible, es verdad, cuando me quedo callada siento que me revienta el esófago y la vesícula, si es que aun no me la sacaran, ja.

 

En fin.

 

Siento los ojos secos. Mi lengua se deleita en los mares de whisky. Gracias a la vida, que siempre continuará. Y sé que a pesar de tantas charlas o peleas, todo ha de seguir igual. Cada quien desempeña un papel en esta familia, y ni modo, me toca ser el mal ejemplo de todo. Es inútil tratar de quitarme la etiqueta. Así que mejor lo disfruto y desempeño con ánimo.

 

Todo seguirá girando igual. Y yo, yo seguiré contestando también.

 

HECHIZERA


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